EDITORIAL DEL BICENTENARIO
Es difícil no caer en lugares comunes al referirse a los festejos del bicentenario de la revolución de mayo.
La visibilización de los pueblos originarios y el reconocimiento del aporte de la inmigración latinoamericana, europea, asiática y africana, a la construcción de la Argentina, sean talvez el sello distintivo del mensaje bicentenario.
La revalorización de la mixtura étnica, de lo plurinacional y multicultural como constitutivo de lo argentino, y su aceptación e incorporación como valor a nuestro acervo cultural, nos benefician y enriquecen, como nación y como pueblo.
Lo heterogéneo, lo diferente y lo diverso, se deben incorporar al capital democrático ciudadano, desde las distintas procedencias, colores y culturas, hasta la diversidad de las distintas orientaciones y elecciones sexuales, que desfilaron por la Avenida 9 de julio. Pero el reconocimiento simbólico a lo diferente no basta, se hace necesaria la integración de lo diverso a un proyecto común de Estado y sociedad, lo cual requiere desarrollo económico-social y profundización de la democracia política.
En ese sentido, adquiere un carácter fuertemente simbólico la presencia de otros mandatarios democráticos y populares de América Latina, como Evo Morales, Rafael Correa, “Pepe” Mujica y Hugo Chávez, que también plantean la superación del neo-liberalismo como discurso y programa único de desarrollo.
Ayer las fuerzas conservadoras del país para pocos, levantaban en el centenario las consignas de “orden y progreso”, hoy afortunadamente cuestionadas en nuestro bicentenario por la de “diversidad y justicia”. Diversidad y justicia, para construir, ampliar y profundizar el proyecto de democracia popular en la Argentina.
Mayo de 2010.